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Universo Borgiano y el cine – Cineastas.mx

Universo Borgiano y el cine

La idea principal que recorre este artículo se refiere a la relación entre Jorge Luis Borges, el universal escritor argentino, y el cine.

Borges fue desde muy joven un asiduo consumidor de cine, pasión que continuó aun cuando su ceguera lo había dejado en la penumbra. Llegó a declarar en sus años crepusculares: “Voy al cine a escuchar el diálogo, y me cuentan si las fotografías son buenas o malas. Esto, para mí, es como un acto de fe“.

A lo largo de su carrera periodística en diferentes medios, y más tarde en el rol de entrevistado, el intelectual argentino volcó su virulenta ironía sobre películas, personajes o cinematografías enteras. En tiempos donde muchos improvisados destruyen películas con análisis tan profundos como el de algún realizador o crítico con trayectoria; o ensalzan superproducciones porque les regalaron una entrada al cine y unas palomitas para conseguir presencia en redes sociales, vistas o un simple like, resulta indispensable revisar este compendio de excelentes (y polémicas) reflexiones.

Solemos imaginar a Borges en el aislamiento de su estudio, consultando enciclopedias y mitología, maquinando sus tramas. Sin embargo, el escritor fue un ser muy social que gustaba exhibirse en sociedad, en bares, con amigos, y disfrutaba especialmente del séptimo arte.

Borges tuvo sus acercamientos con el cine y el interés fue solo detenido por su trágica ceguera. Hasta llegó a escribir el guión cinematográfico de una de las joyitas olvidadas de la ciencia ficción argentina: Invasión (1969) dirigida por Hugo Santiago. Sus textos sobre este arte revelan a un perspicaz y seguro analista, que se compromete a mantener el diálogo entre cine y literatura, unidos innegablemente por un cordón umbilical.

En una entrevista que Jorge Luis Borges le concedió a Ronald Christ, de The Paris Review, el célebre escritor argentino sintetiza su fascinación por el cine y el carácter épico que este arte representa: Durante este siglo . . . la tradición épica ha sido salvada para el mundo por Hollywood, por improbable que parezca. Cuando fui a París, sentí que deseaba escandalizar a la gente, y cuando me preguntaron—sabían que me interesaba el cine, o que me había interesado, porque apenas si veo ahora—y me preguntaron “¿Qué clase de películas le gustan?”, yo dije ingenuamente: “Las que más disfruto son los westerns”. (Borges, Entrevista 33)

Estas declaraciones de Borges, registradas en 1966, pueden servir de punto de partida para analizar una relación que fue constante y se retroalimentó permanentemente. Estamos hablando del Borges espectador, del Borges que escribe reseñas sobre filmes en Sur, pero también del Borges que firma argumentos o piensa ideas para películas, a veces en asociación con Bioy Casares (como en el caso de Los orilleros y El paraíso de los creyentes que la editorial Losada publicó en 1955). Esta íntima y cercana relación con el cine, planteada por un autor que hizo muchas veces del arte de escribir ficciones una cuestión metaliteraria, conduce a la idea de un nutrirse del cine en dos dimensiones: tanto como espectáculo y como evento cultural, sin separar necesariamente una condición de la otra.

Bien se podría afirmar que Borges ve en el cine a un “pariente” de la literatura pero no a una forma narrativa que absorbe a aquella e intenta necesariamente reemplazarla. Borges está actuando como cronista de su tiempo. Si el cine, como actividad cultural y al mismo tiempo espectáculo de masas, marca la agenda en las principales ciudades del mundo, incluida Buenos Aires por supuesto; Borges retrata por lo general el lado que más le atrae del cinematógrafo. Sus notas se refieren a películas que con el tiempo se van a volver memorables y se detiene en los aspectos, criticables o no, que a él le impresionan.

El cine entonces está en la raíz y el alma de un joven Borges. Luego el escritor comienza a problematizar el fenómeno. Aunque en sus ficciones sólo mencione el estilo o admita la influencia de Josef von Sternberg, un cineasta vienés que llegó a Hollywood e impuso un estilo dramático y visual que entusiasmaba a Borges, lo cierto es que el cine se convirtió para el autor de Ficciones en una manera intensa y peculiar de “leer” la realidad. Por eso llama “novelas realistas” a los filmes de von Sternberg y admite haberse emocionado hasta las lágrimas ante la visión de Underworld, un filme sobre gánsters que el crítico Andrew Sarris sintetiza en la actitud ética y estética del cineasta respecto de su obra: “Most meaningfully perhaps, Sternberg steers clear of the sociological implications of his material to concentrate on the themes which most obsess him and his heroes: love, and faith, and falsehood”

Sobre el cine argentino

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«La relación de Borges y el cine ha sido tan compleja e inesperada como la de sus personajes con el tiempo”, comenta Edgardo Cozarinsky en la introducción a su libro “Borges/en/y sobre Cine”. 

Idolatrar un adefesio porque es autóctono, dormir por la patria, agradecer el tedio cuando es de elaboración nacional, me parece un absurdo”.

Contestar a cuál es la peor película del cine argentino es muy difícil porque en ese sector hay muchos postulantes, quizás demasiados”.

El ciudadano Kane (1941)

“Citizen Kane tiene por lo menos dos argumentos. El primero, de una imbecilidad casi banal, quiere sobornar el aplauso de los muy distraídos. Es formulable así: un vano millonario acumula estatuas, huertos, palacios, piletas de natación, diamantes, vehículos, bibliotecas, hombres y mujeres; a semejanza de un coleccionista anterior (cuyas observaciones es tradicional atribuir al Espíritu Santo) descubre que esas misceláneas y plétoras son vanidad de vanidades y todo vanidad, en el instante de la muerte, anhela un solo objeto del universo ¡un trineo debidamente pobre con el que en su niñez ha jugado!“.

El hombre y la bestia (1941)

Hollywood por tercera vez ha difamado a Robert L. Stevenson. Esta difamación se titula El hombre y la bestia: la ha perpetrado Victor Fleming, que repite con aciaga fidelidad los errores estéticos y morales de la versión (perversión) de Rouben Mamoulian”.

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Charles Chaplin, “Como cineasta, una porquería”.

Charles Chaplin y las luces de mi ciudad (1931)

No me gusta Chaplin ni su sentimentalismo, pidiendo siempre compasión, rodeado de los malos actores que elegía porque quería ser y estar él ante todo. He preferido infinitamente a Buster Keaton y a los Hermanos Marx, inspirados creadores y protagonistas de una comicidad mucho más pura”.

Charles Chaplin es uno de los dioses más seguros de la mitología de nuestro tiempo. Como cineasta, una porquería. Solo La Quimera del Oro era un lindo film porque estaba defendido de la fealdad por el paisaje de Alaska, con gigantes vestidos de pieles sobre un fondo de nieve. En las demás películas está rodeado de tachos de basura o de escenas lujosas igualmente horribles. Además siempre fue muy vanidoso. Trabajó rodeado de mascotas, no de buenos actores. Siempre quiso ocupar el centro de la escena. Solo a él hay que tenerle lástima. Es un personaje sentimental, los otros no existen. El cine ha progresado y Chaplin ha permanecido tan malo como al principio. Sus fotografías son igualmente espantosas”.

Luces de mi ciudad no pasa de una lánguida antología de pequeños percances, impuestos a una historia sentimental. Hay películas reales, y las hay de voluntaria irrealidad. A este segundo género correspondían las travesuras primitivas de Chaplin, apoyadas sin duda por la fotografía superficial, por la espectral velocidad de la acción, y por los fraudulentos bigotes, insensatas barbas postizas, agitadas pelucas y levitones portentosos de los actores. City Lights no consigue esa realidad, y se queda en inconvincente. Su destartalado argumento pertenece a la difusa técnica conjuntiva de hace veinte años. Arcaísmo y anacronismo son también géneros literarios, lo sé; pero su manejo deliberado es cosa distinta de su perpetración infeliz. Consigno mi esperanza —demasiadas veces satisfecha— de no tener razón“.

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Cine francés

“En general, prefiero el cine norteamericano a cualquier otro. El cine francés me parece una exaltación al tedio. Cuando estuve en París hablé con varios escritores franceses y les dije, con el inocente propósito de escandalizarlos, y además sin ser infiel a la verdad, que me gustaba más el cine norteamericano. Todos ellos coincidieron conmigo en que, si uno va al cine en busca de emoción y diversión, lo encuentra en el cine norteamericano. Dijeron que filmes como L’année dernière à Marienbad -basada en La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares- o Hiroshima mon amour, lo hacían por sentimiento del deber, pero que a muy pocos le gustan“.

Como dice Cozarinsky (en su libro precursor Borges y el cine), Borges no utiliza ninguna teoría crítica porque el cine, en la época que el cuentista reseña las películas “era, sobre todo, una práctica casi libre de bibliografías y academias”

En cuanto a su influencia e invaluable legado, hay algunas películas que podemos mencionar al hacer referencias a todo el universo borgiano.
Alphaville

Esta no solo es considerada una de las películas más influyentes del Godard sino además uno de los primeros ejemplos del sub-género conocido como ciberpunk. Una obra que anticipó elementos de Blade Runner.

El nombre de la rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986)

Basada en la primera novela de Umberto Eco, la historia nos habla de un monje en los años 1300s que ayuda a resolver una serie de asesinatos en una enigmática abadía italiana, una premisa que –de por sí– parece tomada de un cuento de Borges.

La película es parte thriller, parte detectivesca y parte ficción histórica. Y no solo referencia a Borges en varias oportunidades, ¡sino que además lo tiene como un personaje!

Jorge de Borgos es un viejo y ciego monje de la abadía. Es el guardián de la biblioteca, cuidando que todos mantengan silencio, vigilando como un halcón y castigando a quienes se ríen en aquel sagrado lugar. Dicha librería, se asemeja a la de que aparece en La Biblioteca de Babel, uno de los cuentos más famosos de Borges.

Interstellar (Christopher Nolan, 2014)

La Biblioteca de Babel de Borges tiene su importancia también en este drama de ciencia ficción donde el protagonista Coop (Matthew McConaughey) termina llegando a un lugar que contiene una serie infinita de libros que le permiten comunicarse con algún momento de su pasado.

Christopher Nolan admitió en repetidas oportunidades que Jorge Luis Borges siempre fue una gran influencia.

En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius –uno de los más complejos textos de Borges – el narrador atribuye a Bioy Casares la cita según la cual los espejos son abominables porque “multiplican el número de hombres”.  Esta concepción de lo infinito es también uno de los temas principales de Interstellar.

Lo borgiano recorre toda la obra de Nolan, cuando uno se lo pone a analizar. En una entrevista con The New York Times, un periodista le preguntó al director británico a quién leía mientras preparaba la película Inception. Su respuesta fue:

Probablemente a Borges. Me gusta pensar que esta es una película que habría disfrutado. La verdad es que él tomo conceptos filosóficos increíblemente bizarros y los convirtió en cuentos cortos muy digestibles.

Y no nos olvidemos de Memento (gran obra maestra). A simple vista parece no tener ninguna relación con Borges, pero la película está inspirada en el relato Funes el memorioso, si bien de un modo inverso (como declaró a la revista “Movieline”) y en El otro, en cuanto a la temática de la sospecha y la amnesia.

Por su lado,  Francis Ford Coppola también confesó haber sido influenciado por Borges al crear Youth Without Youth.

«La estrategia de la araña» (1970) – Bernardo Bertolucci

Nuevamente la intriga y la venganza vuelve a ser tema central del argumento. Un joven regresa a la ciudad donde su padre fue asesinado antes de que él naciera. El motivo es intentar encontrar una explicación a la muerte de su padre a manos de un fascista en 1936, pero la verdad se revela tan complejamente como una tela de araña. Este maravilloso drama fue trabajado a la perfección por Bertolucci, quien a su vez, se basó en Borges y en el cuento «El tema del traidor y del héroe».

La recurrencia a señales y referencias borgianas, traducidas e interpretadas en el cine de diversos autores, dan cuenta del sólido sistema basado en la literatura de Borges y en la recurrencia de temas como el infinito, la eternidad, el doble, la totalidad, lo onírico, sumados a la dimensión filosófica en la que muchos cineastas se basaron.
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