Somos Campeones

La comedia de Javier Fesser, fue una de las películas más taquilleras del 2018.

Campeones se ha convertido en uno de los grandes éxitos de la temporada. Y por sorpresa, porque es una película no surgida de televisiones privadas, con un único nombre conocido en el reparto, Javier Gutiérrez, y con una temática a prioricompleja. Gutiérrez encarna a Marco Montes, segundo entrenador de un club de baloncesto de élite, condenado, tras un accidente de tráfico en el que conducía borracho, a desempeñar trabajos sociales. Y ese trabajo será dirigir a un equipo formado por jugadores con discapacidad intelectual. “Soy optimista por naturaleza, pero desde el principio además tuve fe ciega en la capacidad de los personajes en conectar con el público”, contaba Fesser en su estreno. Acertó. El director sabe cómo enganchar al público y aquí ha vuelto a demostrarlo: ya la han visto, desde su estreno el 6 de abril, más de tres millones de espectadores y ha recaudado 18,5 millones de euros, triplicando las ganancias de la película que le sigue en el listado de filmes españoles más taquilleros en 2018. Estuvo 20 semanas en el top20.

Me asaltan sensaciones extrañas durante el metraje de esta película. Me sorprende la audacia expresiva del director Javier Fesser en el arranque y me planteo cómo va a salir de un jardín tan peligroso. El protagonista, segundo entrenador de un equipo de baloncesto, vocacionalmente problemático consigo mismo y con los demás, eterno metepatas, debe redimir su pena por haber tenido un accidente de tráfico en estado etílico prestando servicios sociales, consistentes en entrenar a un grupo de discapacitados. Pero este señor, sin filtros entre lo que piensa y lo que dice, se refiere a ellos con descripciones que actualmente suenan a trueno, tan políticamente incorrectas como subnormales y mongólicos. De acuerdo, esto sale de la abrupta boca de un personaje de ficción que sabemos mostrará finalmente un corazón de oro y su respeto, admiración y cariño hacia esta pandilla aquejada con taras físicas y mentales, pero algún espíritu agotadoramente sensible puede juzgar inadmisible que se pronuncien los viejos y anatemizados términos.

Y desde las primeras secuencias reconoces el muy personal sentido del humor de Javier Fesser, rozando el surrealismo en lenguaje y situaciones, independientemente que los personajes sean de animación o de carne y hueso, las características y el tono de El milagro de P. Tinto, La gran aventura de Mortadelo y Filemón y Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo. Todas ellas han dispuesto de múltiple y regocijado público. A mí me cuesta disfrutar con ese universo, aunque reconozco la insólita e inquietante personalidad de su autor. Sin embargo, su vena dura y trágica me provocó escalofríos y piedad en Camino.

Campeones, que veo y escucho con cierto agrado, me despierta mucha curiosidad en cuanto a la reacción que tendrán los espectadores en su estreno comercial. En los pases de prensa la risa no es muy popular. Y sabemos que esa reacción es contagiosa, que la comedia y el cine cómico alcanzan su esplendor en una sala repleta de público normal.

 

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