¿Netflix está acabando con las salas de cine?

Netflix no está matando a los cines. Al menos, eso es lo que se extrae de un nuevo estudio realizado por el grupo de Economía Cuantitativa y Estadística de EY, que encuentra que las personas que van al cine en salas de cine con más frecuencia también consumen más contenido de transmisión. Eso se opone a la “sabiduría convencional” de los sabios de la taquilla, quienes atribuyen de manera sombría la asistencia a los complejos cinematográficos de forma rotunda a la creciente popularidad de las compañías de entretenimiento digital.

Si los hallazgos del estudio son precisos, parecería que las dos formas de consumo de entretenimiento son más complementarias que caníbales. El estudio descubrió, por ejemplo, que los encuestados que visitaron un cine nueve veces o más en los últimos 12 meses consumieron más contenido de transmisión que los consumidores que visitaron un cine solo una o dos veces durante el año pasado. Aquellos que vieron nueve o más películas en el cine tuvieron un promedio de 11 horas de transmisión semanal en comparación con las siete horas de transmisión en línea reportadas en promedio por aquellos que vieron una o dos películas en salas de cine.

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Para obtener los resultados, los investigadores encuestaron a 2,500 personas en noviembre del 2018, el 80% de los cuales vieron al menos una película en cines durante el año pasado. El estudio fue encargado por la Asociación Nacional de Propietarios de Teatros (OTAN), un grupo de presión para la industria de exposiciones, que ha sido particularmente franco en su crítica de la decisión de Netflix de renunciar a los estrenos teatrales tradicionales para películas como “Roma” o “Outlaw King”. “El servicio de transmisión ha permitido que algunas de sus películas tengan pequeñas representaciones teatrales exclusivas, pero en gran parte se adhiere a una política de debutar películas en cines al mismo tiempo que se estrenan en Netflix.

“El mensaje aquí es que no hay una guerra entre el streaming y el cine”, dijo Phil Contrino, director de medios e investigación de la OTAN. “Las personas que aman el contenido lo están viendo en todas las plataformas y todas las plataformas tienen un lugar en la mente de los consumidores”.

De hecho, las personas que se saltaron las salas de cine también tendían a evitar ver grandes cantidades de espectáculos y películas en los servicios de transmisión. Casi la mitad de las personas que dijeron no haber visitado un cine en los últimos 12 meses tampoco transmitieron ningún contenido en línea. Solo el 18% de quienes evitan los cines transmiten contenido en línea durante ocho o más horas por semana.

Tampoco parece que la transmisión esté inspirando a algún tipo de éxodo de adolescentes. Los encuestados entre las edades de 13 a 17 años fueron a una media de 7.3 películas y consumieron 9.2 horas de transmisión de contenido, el más alto de todos los grupos de edad. Sin embargo, hubo cierta suavidad en los consumidores entre las edades de 18 a 37 años. El promedio de los encuestados en este grupo fue de seis visitas al cine en el último año, el más bajo entre cualquier grupo de edad. Al mismo tiempo, vieron 8,6 horas de contenido de transmisión por semana, la tercera más que cualquier otro grupo demográfico.

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El informe llega cuando la taquilla norteamericana se está acercando a niveles récord, impulsada por éxitos como “Avengers: Infinity War”, “Venom” e “Incredibles 2”. Las devoluciones de la taquilla del 2017 afectaron el precio de las acciones de los distribuidores como AMC y condujo a un sentimiento general de pesimismo sobre la vitalidad del sector. Esos temores se han aliviado un poco por el rebote de la venta de entradas.

El año pasado, un grupo de mercados de consumo de cine tuvieron crecimientos interesantes, allende el crecimiento de las suscripciones a servicios de streaming. En Europa, Alemania creció 7% y Rusia creció un 22% en asistencias a salas de cine. En Asia, China creció un 21% mientras que la región Asia-Pacífico creció un 6%. En Latinoamérica (una región que creció un 22%), los mercados que lograron descollar fueron México (+7%) y Brasil (+15%).

Quienes realmente han resentido el éxito de los servicios de streaming como Netflix o Prime Video son los servicios de televisión por cable. El año pasado, los servicios de streaming crecieron un 33% mientras que las suscripciones de cable bajaron. En algunas regiones, por cada ocho nuevas suscripciones a Netflix se registraba apenas una nueva suscripción a servicios de televisión por cable.

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El aguante del cine ante el embate del streaming se debe a que el cine ha sabido dónde debe apostar. Las salas de cine deben procurar tecnología e innovaciones que mejoren la experiencia del público y la haga memorable.

Del mismo modo, habrían de apostar por una programación diversa las televisoras. China es un buen ejemplo, pues no solo se ha convertido en un gran motor para las superproducciones, sino también para las cintas pequeñas como “La Forma del Agua”, “Tres Anuncios por un Crimen”, “La La Land” y “Extraordinario”, que lograron ingresos tan impresionantes que se tradujeron en un importante impulso y motivación para los productores independientes. Dicho esto, el crecimiento también puede impulsarse cuando hay un buen enfoque de programación.

La gran ventaja de que Netflix o Amazon produzcan películas es que muchísimas obras que no tienen ya lugar en pantalla grande, por ser poco masivas o por ser grandes rarezas, pueden encontrar refugio en esas plataformas.

Y por otro lado, los directores vuelven a tener una libertad creativa que en Hollywood terminó con la llegada de los años 80: así la violencia más cruda y las escenas de sexo más salvajes por fin vuelven a tener lugar en el plano.

Tener actores como Netflix o Amazon para financiar las películas hace que el productor no necesite estar sumergido en la búsqueda frenética de auspicios para la producción o entrar en competencias para la financiación gubernamental o lo que fuera. Vientos de cambio sobrevuelan la industria del cine. Y como ante cada giro de la historia, están quienes lo viven con desconfianza y quienes lo reciben con los brazos abiertos.

 

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