Las diez mejores series del 2018

Cada año que pasa es más difícil hacer una lista de las mejores series del año, porque la producción se ha multiplicado exponencialmente y se ha vuelto global, de modo que es casi imposible no ya verlas todas, sino simplemente ver las más interesantes.

Aquí te presentamos una selección de las que podrían ser las diez series más representativas de este año que terminó. Como novedades se puede destacar que por primera vez incluimos docuseries y una producción iberoamericana.

[Nota: en este artículo no hay ninguna comedia, porque se rumorea que su autora no le gusta el género o bien pueden decir que no tiene sentido del humor]

1. Castle Rock / Hulu

¿Cómo transportar el universo completo de Stephen King a una serie de televisión que le haga justicia? La premisa fue difícil, pero Castle Rock lo logró con una primera temporada misteriosa y mística, llena de referencias a grandes novelas del maestro del terror y el suspenso, y creando un homenaje a través de una historia confusa pero fascinante protagonizada por Andre Holland y Bill Skarsgård, y que nos recordó la increíble actriz que es Sissy Spacek en uno de los mejores episodios de televisión del año con The Queen.

El 1 de agosto pasado, Stephen King escribió en su cuenta de Twitter: “Castle Rock es realmente buena, cada episodio mejor que el anterior. Pero dejen los ´huevos de pascua’ a un lado y disfruten el programa por sí mismo. El reparto es incandescente y apoya una historia que vale la pena”. Un segundo tuit, escrito segundos después agregaba: “Y puedo decir esto porque yo no la escribí”.

Producida por Bad Robot, la compañía propiedad de J J. Abrams –quien funge aquí como productor ejecutivo, junto con Stephen King–, y creada por Sam Shaw y Dustin Thomason, Castle Rock es una suerte de antología del horror y de lo fantástico, que toma como pretexto el universo literario (y, por extensión, cinematográfico y televisivo) de King para expandirlo, tratando de mantener, en el camino, un precario equilibrio narrativo: sin dejar de cortejar a los beatos admiradores del escritor –entre los cuales me incluyo–, proponer algo distinto, novedoso. Cuando uno termina de ver los diez episodios de la primera temporada, hay que aceptar que Shaw y Thomason lograron su objetivo.

2.  Homecoming / Amazon

 La serie de misterio de Julia Roberts demuestra que el tamaño no importa: los grandes dramas no tienen por qué durar una hora.

La serie de Amazon Prime Video es una de las propuestas más sofisticadas y atractivas de la ficción televisiva. Los diez episodios de ‘Homecoming’ creada por Micah Bloomberg, Eli Horowitz y dirigida por Sam Esmail es la adaptación de un podcast homónimo ideado por los dos primeros. La historia de un centro de apoyo transicional, que alude al título de la serie, para rehabilitar a los soldados que regresan de la guerra a la vida civil. Un centro financiado por una empresa privada que comanda la psicóloga Heidi Bergman (Julia Roberts), pero donde pronto se irá desvelando, como buena serie conspiranoica, que los velos lo cubren todo.

‘Homecoming’ sucede en dos tiempos diferentes: un pasado que se corresponde con nuestro presente y donde Heidi Bergman trata a estos soldados, en especial a Walter Cruz (Stephan Cruz), y un futuro próximo, cuatro años más tarde, en el que Thomas Carrasco (Shea Whigham), un trabajador del Departamento de Defensa, investiga una queja sobre ese centro de reinserción, por lo que contacta con Heidi Bergman, que ahora trabaja en un restaurante de camarera, vive con su madre (Sissy Spacek), y parece no recordar nada. Hasta aquí la historia para no desvelar ningún elemento relevante. Porque la teleserie juega con la memoria y el olvido con tanto sentido como con el fondo y la forma, en una de las propuestas más fascinantes de la ficción reciente.

Los dos tiempos cronológicos están claramente diferenciados, por un lado, el pasado se muestra en 16:9, por otro, el presente está en 1:1, en un formato vertical que vela parte de la imagen. Este planteamiento formal no es nada caprichoso y tiene un sentido en la historia, porque todo en esta serie está muy pensado. Es más, la solución final a los usos de los distintos formatos resulta brillante, aunque aquí no la revelaré por no destripar el asunto. De hecho, todo en ‘Homecoming’ está perfectamente planificado con tal sofisticación que hasta que no avanzas y la has visto completa no captas el conjunto de detalles que despliega, e incluso después uno debe volver a verla para descubrir nuevos hallazgos, que los tiene y en cantidad.

Si bien la puesta en escena favorece cierta sobriedad, con el uso de las simetrías que perturba y remite al automatismo y a lo programado y que encuentra su correspondencia con lo que cuenta –fondo y forma es un ente orgánico perfectamente fusionado– el uso de líneas rectas, de determinados puntos de fuga, el movimiento elegante de la cámara favorece en ocasiones una sensación onírica que parece suspender planos o encuadres, detenidos, en los que vemos a los personajes mirando. Esos personajes miran peceras, lo que hay fuera a través de ventanas, etcétera, tratando de encontrar o recobrar algo más allá de la realidad en la que se hallan. La apuesta formal también tiene su correspondencia con los diálogos, muy bien escritos, planificados con sentido, pero sobre todo como a través de ellos evolucionan los personajes y la propia puesta en escena. Y esto no es tan frecuente en la ficción audiovisual.

3. Fauda (Netflix)

Desde The Kingdom, de Lars von Trier, y Twin Peaks, de Mark Frost y David Lynch, las series de televisión han generado miles de universos podridos. Mundos de ficción violentos, oscuros, distópicos. Faudaradicaliza esa tendencia hegemónica, por ser una producción israelí: esa esquizofrénica realidad ha alimentado durante décadas una violencia cotidiana que lo contamina todo, que todo lo pudre y oscurece.

Creada por Lior Raz y Avi Issacharoff a partir de sus experiencias en la unidad Duvdevan del Ejército de Israel, la primera temporada fue escrita por Moshe Zonder y dirigida por Assaf Bernstein; mientras que esta segunda ha sido, en cambio, enteramente escrita por Amir Mann y dirigida por Rotem Shamir. Aunque el equipo creativo sea hebreo, en el elenco abundan los actores de origen árabe.

En su segunda entrega los protagonistas, un equipo de las fuerzas especiales de Israel formado por agentes que hablan indistintamente en los dos idiomas principales del país, conocen a fondo la cultura palestina y pueden infiltrarse con facilidad en los Territorios Ocupados; sus antagonistas, miembros de Hamás y del Estado Islámico, llevarán a sus últimas consecuencias una lógica enferma del asesinato político y de la venganza. El terrorismo de Estado se iguala al terrorismo sin Estado. La serie, binacional y bilingüe, aunque finalmente israelí, retrata el sinsentido de una guerra que solamente produce más guerra. Tras toda esa tortura, mentira y muerte, en la tercera temporada seguro que todo irá a peor.

4. Better Call Saul (AMC) / Netflix

Pocas veces las segundas partes fueron mejores que las primeras y, sin embargo, eso es lo que está ocurriendo con las que podrían ser las dos mejores series de este 2018: The Good Fight (secuela de The Good Wife) y Better Call Saul (precuela de Breaking Bad).

La segunda obra maestra de Vince Gilligan y Peter Gould se centra en las miserias de Mike, el expolicía que comienza a colaborar con el poderoso e implacable narcotraficante Gustavo Fring, y —sobre todo— en las de Jimmy McGill, el timador aficionado y abogado de mediopelo que se resiste a asumir su vocación ilegal. Si durante las tres primeras temporadas el pulso con su hermano, el ejemplar Chuck McGill, provocó algunas de las escenas más sutiles y memorables de la historia de la televisión; en esta cuarta el duelo es explorado con una ambigüedad sublime, que conduce a la transformación de Jimmy en el Saul Goodman del futuro.

The Good Fight y Better Call Saul tienen otra característica en común: sus creadores no están recibiendo por sus nuevas propuestas los grandes premios de la industria televisiva que sin duda merecen. Pero sus telespectadores les agradecemos todas esas horas de ficción ácida, inteligente, inolvidable.

5. Succession (HBO)

Me imagino a Jesse Armstrong, el creador de Succession, reunido con su equipo de guionistas en el bar de un hotel de playa. Tras el sexto martini seco, a alguien se le ocurre preguntar: ¿y si mezclamos The Office con El rey Lear? Estalla una gran carcajada. Los rostros se van enfriando. Y comienzan a decir sí, sí, sí, con la cabeza. Porque esa es exactamente la fórmula de la serie más rara y por momentos incómoda de 2018 (si me lo permite Killing Eve).

El argumento es el de la obra de Shakespeare —y el de tantas telenovelas—: un malvado y vigoroso anciano multimillonario, Logan Roy, tiene que decidir qué hace con su imperio económico cuando acusa los primeros síntomas de la senilidad, y sus cuatro hijos, Kendall, Connor, Shiv y Roman, empezarán a conspirar para encontrar su lugar en el reino que se avecina, ya sin monarca.

Pero en paralelo a esa historia de sucesión, encontramos varias tramas, ubicadas sobre todo en oficinas y en interiores de apartamentos, que por su humor ambiguo recuerdan a The Office (cuya primera temporada sin duda hubiera estado en las listas de mejores series de 2001, si en aquellos años se hubiera popularizado ya este tonto formato periodístico). El resultado es una memorable serie tragicómica que se burla hasta lo indecible de los hijos de papá.

6. Wild Wild Country (Netflix)

Wild Wild Country ha logrado algo que tal vez ninguna serie documental había conseguido hasta ahora: ser tendencia y conversación mundial.

El proyecto de Maclain y Chapman Way se apoya en dos pilares poderosos: por un lado, horas y horas de grabaciones en vídeo de la vida cotidiana en la comunidad que Osho y sus cómplices regentaron durante los años ochenta en una recóndita localidad de Estados Unidos donde conviven la meditación dinámica con las discotecas, la vida utópica con la videovigilancia, el turismo espiritual con las milicias de autodefensa; y por el otro, las entrevistas en el presente tanto a los vecinos ancianos de aquel pueblecito de Oregón, que de pronto vieron llegar a miles de jóvenes descalzos a una de las fincas del condado, como a los líderes supervivientes de aquel desaguisado, con la magnética Sheela en su centro. Es ella, y no Osho, quien protagoniza la serie.

No podría ser de otro modo en la tercera edad de oro de la televisión, siempre fascinada por los sociópatas, psicópatas y compañía. En cinco capítulos perfectos —y un sexto inexplicablemente diseñado como collage de videoclips— Wild Wild Country nos muestra la transición entre el movimiento hippie y la industria de la felicidad. Un gran documento.

7. El cuento de la criada (HULU)

A medida que pasan los meses, mi opinión sobre la segunda temporada de El cuento de la criada es cada vez menos favorable, a tal punto que si escribiera este artículo en enero o en febrero, tal vez habría desaparecido de la lista. Pero en estos momentos la arriesgada apuesta de Bruce Miller por el terror psicológico me sigue pareciendo ganadora.

En la primera temporada de la adaptación de la novela de Margaret Atwood nos encontramos con una ficción distópica; pero en esta segunda, el género predominante es el del terror, con largas escenas que nos han torturado como ningunas otras de la televisión reciente. La dirección artística, el vestuario, la fotografía y las interpretaciones —lideradas por la extraordinaria Elisabeth Moss— continúan en el nivel de excelencia de la galardonada primera temporada. La expansión narrativa hacia las colonias y hacia Canadá también está brillantemente resuelta.

Acostumbrados a los narcotraficantes colombianos y mexicanos de Narcos o Breaking Bad, los gallegos de Fariña nos podrían haber parecido tranquilos.

No asesinan; no ponen bombas; ni siquiera se traicionan brutalmente entre ellos. La historia de cómo un puñado de contrabandistas de tabaco se convirtió, durante la década de los ochenta, en una mafia que llegó a controlar la entrada a Europa de la mayor parte de la droga americana, sin embargo, consigue seducirnos mediante viejos argumentos desnudos de tiros en la nuca: el joven ambicioso que medra gracias a su determinación y a su ingenio; el investigador enfermo que no cesa en su empeño de vencer al mal; la extranjera que inocula en la comunidad tradicional ideas y costumbres distintas; el clan familiar como ecosistema conflictivo y las dificultades para mantener alianzas entre varios clanes, o el paso del caudillismo a la democracia.

Al contrario que en The WireNarcosEl ChapoBreaking Bad y tantas otras series sobre narcotraficantes, en Fariña los jóvenes no acaban cometiendo parricidio. En Galicia, pese a los cambios, perviven los valores tradicionales. Esta ficción basada en hechos reales demuestra que se pueden conquistar públicos a través de la excelencia, sin necesidad de masacrar.

9. The Assassination of Gianni Versace: American Crime Story | FX

Ryan Murphy a veces es sorprendentemente interesante. Estando más que acostumbrados a ‘American Horror Story’ es refrescante su cambio de enfoques en sus otras dos antologías y que podríamos resumir tanto en ‘Feud’ como en ‘American Crime Story‘ como una exposición de un tema con cierto toque morboso como excusa para hablar de temas sociales.

En ‘ACS: El pueblo contra OJ Simpson’ se habló, entre otras, de racismo (con toques clasistas) y machismo; en ‘Feud: Bette & Joan’ sobre la discriminación en Hollywood tanto por sexo como por edad y en la recién estrenada ‘American Crime Story: The assassination of Gianni Versace’, Murphy y compañía aprovechan el asesinato del celebérrimo diseñador en 1997 para hablar de la homosexualidad en los 90, de fama, apariencias y moda.

La segunda temporada de ‘American Crime Story’ consta de nueve episodios. La historia comienza con el asesinato de Versace (Édgar Ramírez) a manos del asesino en serie Andrew Cunanan (Darren Criss) y todas las ramificaciones pasadas y futuras que supuso la prematura muerte del diseñador.

La primera entrada de Ryan Murphy en esta lista nos llevó de vuelta aun crimen que sacudió los años 90: el asesinato del diseñador Gianni Versace en su casa de Miami. Sin embargo, en manos de Murphy, la historia se transformó en una exploración del personaje de Andrew Cunanan, su psicología, sus intenciones, y el rastro de muertes que dejó a su paso con una interpretación increíble de Darren Criss, quien por breves instantes nos sumergió en la humanidad de un asesino atrapado en una fantasía.

 

10. La Casa de Papel / Netflix

La Casa de Papel se ha convertido en la serie de habla no inglesa más vista en la historia de Netflix. Directamente llegada desde España a la plataforma, la ficción que emitió su única temporada —de momento— dividida en dos partes en Antena 3, se estrenó recientemente en Latinoamérica y su éxito ha sido indiscutible.

Los atracadores de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre han conquistado ya a la audiencia de Brasil, Francia, Italia, Argentina, Portugal, Turquía y Estados Unidos, y Netflix los ha convertido, junto a su característica máscara de Dalí, en los protagonistas de todas sus promociones, con el mismo despliegue que utilizó en su momento con Narcos.

Lo que hizo La Casa de Papel este año en Netflix fue casi milagroso: hizo que un montón de gringos terminaran ignorando los subtítulos y se dejaran llevar por la seductora historia de Álex Pina sobre un preciso, imposible de imaginar (y aún más imposible de realizar) robo a la casa de la moneda en Madrid: 2.4 billones de euros para ocho misfits sin nada que perder, guiados por El Profesor, una mente maestra con problemas humanos que nos mantuvo comiéndonos las uñas y cantando Bella Ciao.

Seguro que para muchísimos lectores también podrían estar en la lista de las diez mejores series de 2018 muchas otras más que no mencionamos, así que los invitamos a dejarnos sus comentarios y recomendaciones de series.

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