La democratización del cine sigue siendo un reto para México

En la primera mesa de debate, Revolución digital: la democratización del cine, participaron destacados directores que han incursionado en el cine hecho con celulares, como Marcelo Tobar, Eva Villaseñor, Andrés Valencia y Adrián García Bogliano.

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Aunque cada vez hay más películas filmadas con celulares y más espectadores dispuestos a consumir contenidos cinematográficos desde sus pantallas, en México todavía falta mucho para que hacer cine sea una actividad accesible para todos. A esta conclusión se llegó durante el debate Revolución digital: la democratización del cine, con el cual se inauguró la segunda edición de SmartFilms México 2019, festival que busca fortalecer las nuevas narrativas digitales de la industria audiovisual.

“Que haya más tecnología no es lo que cambiará el cine, sino que haya cada vez más cineastas sin lana que tengan acceso para hacer una película, eso sí que revolucionará todo”, aseguró el director Marcelo Tobar, el primer mexicano en realizar un filme sólo con cámaras de celulares (Oso Polar, 2017).

En la mesa de debate también participaron la realizadora y fotógrafa Eva Villaseñor, el realizador español Adrián García Bogliano y el director colombiano Andrés Valencia, quien afirma que la edición colombiana de SmartFilms ha alcanzado hasta los más de cinco mil asistentes. “A veces nos da miedo lograr la democratización del cine porque podrían salir más y mejores voces, y eso no conviene a las grandes productoras”, agregó Valencia.

Y es que aunque el cinematógrafo se inventó hace más de un siglo, el cine sigue siendo una profesión  a la cual tiene acceso un porcentaje muy reducido de la población debido a los altos costos del material que se ocupa para la filmación, el rodaje, la producción y la postproducción. Para Tobar, el hecho de que con un smartphone ya se pueda hacer una película completa representa una de las mayores revoluciones tecnológicas del siglo XXI.

“Desgraciadamente no veo que esta revolución digital suceda en México. La gente no se toma en serio que con una cámara de celular se pueda hacer una película. Somos muy aspiracionales todavía. No veo la democratización del cine, ya que éste sigue cooptado por una clase social a la que no le interesa rebajarse a hacer su trabajo con un teléfono cuando pueden halar dinero del gobierno para pagarse una cámara Alexa. Es una manera de ningunear una forma de hacer cine”, considera Tobar, quien asegura que prepara otra cinta, la cual realizará, otra vez, con las herramientas que le ofrecen los smartphones.

Eva Villaseñor, por su parte, adjudicó buena parte de estos cambios tecnológicos a las dinámicas cada vez más veloces en las que viven las sociedades: “Vivimos en un mundo en el que no tenemos mucho tiempo para profundizar. Ahora, el reto para nosotros los realizadores es decir algo en muy poco tiempo. Nos vamos haciendo más concretos. Lo vemos en las stories de Instagram, por ejemplo. Yo no culpo al espectador, nunca lo subestimo, porque creo que es el más agudo crítico de todas las obras que uno hace. Por eso creo que las escuelas de cine deben adaptarse a las transformaciones; de lo contrario, se volverán caducas”.

Sin embargo, hay quienes ven la contraparte de la situación, como Adrián García Bogliano, para quien el espectador juega un papel preponderante en la generación de contenidos. Es él, finalmente, el que quiere un mundo a la carta, en el que con un solo clic defina qué película o qué serie quiere ver. Un mundo en el que ya no se requiera de un esfuerzo intelectual para ver un filme.

“Me da miedo la contraparte de todo esto: la pereza. La gran diferencia entre las series y el cine es que éste te demanda atención, te demanda mirar detalles, tomarnos el tiempo para captar ciertas ideas o emocionarnos con un proceso de construcción visual. Parece que hoy necesitamos 70 horas de 70 temporadas para entender una historia o un personaje, cuando Lawrence de Arabia, por ejemplo, dura poco más de tres horas y funciona perfectamente”, comenta.

También hay películas, dice Villaseñor, que no se prestan para ser hechas con teléfonos inteligentes. Si la producción depende en 60 por ciento de efectos especiales, resultaría muy complicado o incluso imposible filmarla con cámaras de baja calidad. “Creo que todo se define a partir de la intención y ya de ahí nos vamos al abanico tecnológico que tenemos a la mano”, agregó.
Andrés Valencia sostiene que una cámara sólo es un dispositivo y no un factor determinante para hacer cine de calidad: “A veces pareciera que necesitamos tener una herramienta grande para sentirnos más grandes. Pero el cine reside en el talento humano, no en la cámara. Llegará el momento en que rompamos con eso en México y convencernos de que no necesitamos la mejor cámara para hacer películas”.

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